jueves, 25 de noviembre de 2010

INFLACION (Parte 2 )

El caso argentino.  Tras la devaluación los precios se fueron acomodando con aumentos en los productos valuados a precios internacionales (cereales, oleaginosas, combustibles) y en aquellos que incorporan productos importados en sus costos (principalmente los insumos de alta tecnología que no pueden ser sustituidos por marcas nacionales). ¿Por qué? Por un simple motivo: los productos que llevan determinado su precio por el mercado internacional (productos transables) adoptan el mismo para el mercado interno. Cuando se pasó del “uno a uno” al “tres a uno”, el dólar ganó ventaja sobre el peso, y las empresas vieron incrementados sus costos. Este primer efecto de
la devaluación corresponde al período que mencionábamos, vigente hasta el 2004, donde los precios se elevaron por causa directa del tipo de cambio.
El segundo período, que corre desde el 2004 a la actualidad, posee un aumento de la inflación que se explica, en parte, por el aumento de los precios internacionales de los productos transables (el precio de los cereales en promedio creció cerca de un 50% entre 2005 y2007), pero también por el aumento de algunos productos no transables como la educación , la vivienda y la indumentaria. Las causas de la inflación en este período, están relacionadas
al acomodamiento de los precios post devaluación en el marco de mercados oligopólicos, de cuellos de botella en la producción, desabastecimiento de algunos mercados, caída de la productividad de los sectores primarios, acompañados por un aumento de la demanda agregada en un contexto de crecimiento económico a tasas altas. Existen tres dimensiones que necesitamos indagar, como habíamos planteado, para entender la inflación actual en Argentina.
La inflación actual. Estas dimensiones son la monetaria, la del mercado y la productiva.
El tipo de cambio, que es la relación entre dos monedas, relaciona las diferencias de productividad entre distintas economías, por lo que está atado al escenario productivo. La convertibilidad sostuvo al peso por encima de la valuación de equilibrio, y con un peso se podía obtener un dólar, pero sólo fue posible a costa del endeudamiento (entre 1989 y 1999 la deuda externa argentina creció de 63 mil millones de dólares a 122 mil millones). Cuando los organismos internacionales cesaron los préstamos a nuestro país y se agotaron las regalías obtenidas mediante la privatización de las empresas de servicios públicos, el uno a uno obtuvo su certificado de defunción. Por lo tanto, la crisis de 2001 se resolvió cuando se sinceró el tipo de cambio. Y esto se dio con una dinámica propia, muy a pesar de las intenciones explicitadas (se pueden obtener las declaraciones en Youtube.com) por De la Rúa y Duhalde de sostener
la paridad peso/dólar. En la actualidad, la inflación es producto de la situación oligopólica de algunos mercados: de la falta de competencia libre en las ramas de los productos que más aumentaron a lo largo de los últimos meses, como la carne y los lácteos.       Además, durante el gobierno kirchnerista se impuso una política económica dirigida al ahogo de la producción del sector campo, por medio de retenciones exageradas y control de exportaciones. Esto aceleró el proceso de sojización, comenzado en 1991 y fortalecido por las técnicas biogenéticas aplicadas, quitándole rentabilidad al trigo y al maíz, así como a la actividad ganadera. En este sentido, los argentinos somos testigos de una lógica perversa, donde las retenciones a la soja le dejan al gobierno una recaudación mayor que cualquier otra actividad agropecuaria.
 Al mismo tiempo, el conflicto de la 125 derivó en grandes ganancias para las
comercializadoras de granos, las cuales obtuvieron beneficios cercanos a los 2 mil millones de dólares, sólo a través de la diferencia en el porcentaje de retenciones que le cobraron a los productores de cereales (40 por ciento) y lo que realmente le pagaron al gobierno (20 o 24 por ciento). Los perjudicados en este negocio fueron los productores de granos. Asimismo, las ganancias extraordinarias que mencionamos al principio de este trabajo, en las ramas de alimentos, no son apropiadas por los productores de leche o carne -muchos de los pequeños tambos y ganaderos han quebrado y sus tierras pasaron a producir soja- sino por empresas que poseen poder de mercado o reciben subsidios del gobierno por su condición de afinidad personal, comercial o política.
   El año pasado significó un duro golpe al sector productor de alimentos, que ha menguado enormemente su producción y el cual necesitará varios años para recuperarse -una cosa que olvidó este gobierno, es que Por eso, al mediano plazo, se privó de oferta al mercado llevando a la suba de los precios. Esta política de vaciamiento de los mercados se reflejó en la importación de carnes del Uruguay

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